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Mostrando entradas de septiembre, 2017

El movimiento

No hay peor herida que la duda. Es imposible de cicatrizar. Para peor con el tiempo empeora, arde sin frenar. La pregunta de si es hielo o es fuego en mi mente está. El no saber lo que me está matando es mas doloroso que la verdad. Miro para ambos lados, un vacío existencial. Juro y prometo que vivo tan solo para buscar. Hasta revuelvo mis entrañas para obtener la claridad. No hay movimiento errado, el error es no avanzar.

Algo pasa

Toco el aire y te respiro. Te toco y respiro el aire. No saber donde comienza y donde termina Será mi fin. Te extraño y nunca te tuve. En una fantasía nos envolví. Sé como son las cosas. No canceles el latido O uno de los dos va a morir. Ya mi pecho se descarga y tu cabeza aflora. ¿Cómo explicar la coincidencia entre las miradas? Porque me dicen que no cuentan pero no es así. Si el paisaje da vueltas cuando estás en él. Y yo deseo marearme toda mi eternidad.

Estar está

Espacio ¿Dónde estás? No te reconozco más. Me dejaste flotando en un limbo colgada de un piolín que atado a mi pecho está. Congelada con tu estúpida frialdad. Nadie me podría salvar. Te llamo, del otro lado estás. No querés porque sabés que va a arrasar. Está allí, como una estrella fugaz. Podrás ignorarlo, podrás no mirar, pero un deseo podríamos profesar. Estamos entre un tal y un cual. El hilo tiene un final que encontrar.

El día violeta

El piso vibraba o mis piernas temblaban. Ambas cosas quizás. Estabamos situados en el mismo lugar ¿Cómo no iba a vibrar? El amor es electricidad. Bueno, amor es una palabra demasiado grande. Al menos eso me dijeron. No me voy a permitir usarla. Mierda, pero no tengo otra. Debe ser esa la definición de amor: Aquello que te deja sin palabras. No podía describirlo ni entenderlo. Solo miraba mis piernas y no conseguía controlar el movimiento. Muy consciente de lo que me sucedía intenté parar, pero me resultó imposible. Sentía que me recorría todo el cuerpo. Lo miré. No me estaba mirando, pero estaba ahí, era real. Tan real como aquello que temblaba en mi interior. Claro que por fuera lo que se veía era una mujer parada moviendo las piernas cubiertas por medias violetas. A nadie se le ocurre la magnitud de lo que a otra persona le puede estar pasando en su interior. No si no miran a los ojos. Lo miré de nuevo. Yo no necesitaba que nos miremos para saberlo; él sabía que yo estaba ahí. De reo...