El día violeta
El piso vibraba o mis piernas temblaban. Ambas cosas quizás. Estabamos situados en el mismo lugar ¿Cómo no iba a vibrar? El amor es electricidad. Bueno, amor es una palabra demasiado grande. Al menos eso me dijeron. No me voy a permitir usarla. Mierda, pero no tengo otra. Debe ser esa la definición de amor: Aquello que te deja sin palabras. No podía describirlo ni entenderlo. Solo miraba mis piernas y no conseguía controlar el movimiento. Muy consciente de lo que me sucedía intenté parar, pero me resultó imposible. Sentía que me recorría todo el cuerpo. Lo miré. No me estaba mirando, pero estaba ahí, era real. Tan real como aquello que temblaba en mi interior. Claro que por fuera lo que se veía era una mujer parada moviendo las piernas cubiertas por medias violetas. A nadie se le ocurre la magnitud de lo que a otra persona le puede estar pasando en su interior. No si no miran a los ojos. Lo miré de nuevo. Yo no necesitaba que nos miremos para saberlo; él sabía que yo estaba ahí. De reojo me miraba. Sus ojos se dirigían hacia otro lado pero su atención estaba conmigo, como la mía con él. Pero la electricidad choca ¿No? Por eso cuando una persona te da una chispa se le dice "electricidad". Así como me repele me atrae. Y se fue. Se fue, pero no para siempre.
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