Un laberinto armé

Consumí en mis uñas la ansiedad que me agujereaba. Un jinete galopaba con fervor sobre mi pecho. No eran nubes, era el cielo en claridad. Me refrescaba la certeza, que todo estaba previsto. Al suelo se dirigieron mis sueños, seguidos por lo digno. El sonido de mi voz decidió no seguir ordenes de mi cabeza. Es que el sentimiento en mi vence la ciencia. Un reloj se quedó sin cuerda, el mío. Ahí pensé cuantos caminos te podría enseñar. Pero arqueaste tus cejas y miraste hacia la nada. Tanta indiferencia y ni mi primer capa conoces.

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